Personajes de la Cardiología Gallega


ENTREVISTA AL Dr. D. MIGUEL GIL DE LA PEÑA POR SVEN GUNTHER

El Dr. Gil de la Peña fundó la Sociedad Gallega de Cardiología en Febrero del año 1978. Le correspondió vivir una etapa irrepetible de la cardiología gallega, que supo cultivar bien. Su prestigio y el apoyo de un excelente grupo de profesionales, fueron los instrumentos que iniciaron el cambio de esta especialidad en Galicia.
En su dilatada experiencia profesional, que aún continúa de forma privada, se ganó el respeto y la admiración de quienes le conocemos. Diversificó, desde el principio, sus esfuerzos no sólo en la dirección de su Servicio sino también en la organización de Congresos, Reuniones y otros eventos así como en la enseñanza de la Cardiología, aspectos que, combinados, no eran habituales en aquellos momentos.
Afable, comunicador, respetuoso, conciliador y mesurado, nos transmite en sus respuestas aquellos aspectos que siempre le han preocupado: la importancia de saber valorar adecuadamente lo que el paciente dice, y la de hacerle sentir que está siendo escuchado. Cuidadoso con los detalles, expresa que el fondo, pero también las formas son fundamentales en cualquier relación.


APUNTES

•Nacido en Santiago de Compostela, en el año 36
•Tesis doctoral en 1965
•Médico Residente del I. N. de Cardiología de Mexico, 1965
•Crea y dirige el Servicio de Cardiología y UCC en el HGG, desde 1972 -2004
•Miembro Fundador y Presidente de la SOGACAR, en 1978
•Presidente de la SEC, 1978
•Miembro Numerario de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia.
•Profesor Titular de Medicina, en la USC
•Fellow dela Sociedad Europea de Cardiología
•Numerosos Cursos, Congresos, Comunicaciones, Capítulos de libros, etc
•Director de numerosas tesinas y Tesis doctorales.






¿DR. GIL POR QUÉ CARDIOLOGÍA Y POR QUÉ LA ESPECIALIZACIÓN EN MÉJICO?

A mi me gustaría contestar haciéndolo desde la etapa anterior: ¿Por qué medicina? y digo esto, porque siempre recuerdo, que teniendo unos 8 ó 9 años, vivíamos en una finca cerca de Cambados. En una ocasión, que mi padre se encontraba enfermo, con fiebre alta, yo estaba muy angustiado y como sabía que el médico venía a caballo todas las tardes a visitarlo, yo con mucha antelación, lo esperaba en el camino por donde tenía que entrar y en cuanto veía las patas del caballo (ya que el cuerpo quedaba tapado por las ramas de los árboles), sentía un gran alivio y la sensación era, como que me quitaba un gran peso de encima, pues me tranquilizaba que llegara el doctor. Luego, andando el tiempo, fui comprobando que el médico en aquel entonces, poco podía hacer por mejorar la salud de mi padre. Este hecho que se repitió en varias ocasiones, fue el que me impulsó a estudiar Medicina, con el deseo de que de esta forma yo podría ayudar a mi padre en futuras enfermedades, como así ha sido; pues más tarde, le diagnostiqué una Estenosis Aórtica, de la que fue intervenido con éxito, pero transcurridos unos años, falleció de insuficiencia ventricular izquierda.

¿Por qué cardiología?

Seguro que fue determinante el que mientras estudiaba la carrera de Medicina en Santiago, comencé a conocer la obra científica de mi abuelo, Miguel Gil Casares, destacado Tisiólogo y Cardiólogo de principios del siglo XX; sobre todo, por sus investigaciones sobre el registro de las ondas del pulso arterial y venoso, que él registraba con un aparato de su invención, que denominaba "Palógrafo" (del griego palos: palpitar).

Sus trabajos recibieron gran cantidad de premios, no sólo en España, sino también en Alemania, Francia, Cuba y EE.UU. Recuerdo, que durante mi etapa de formación en Méjico, el Dr. Bernardo Fishleder, que en aquel momento estaba redactando su libro de fonocardiografía, se quedó impresionado con la nitidez de los trazados y por la correcta interpretación que mi abuelo, hacía de las ondas de los pulsos y movimientos precordiales, alrededor del año 1920.

¿Por qué la especialización en Méjico?

Yo conocía el alto nivel, que por aquel entonces tenía el Instituto Nacional de Cardiología de Méjico, sobre todo del prestigio del Dr. Demetrio Sodi-Pallarés, así como el libro de electrocardiografía (tremendamente árido), que había escrito el Dr Enrique Cabrera. Entonces, al finalizar la carrera de Medicina, gané por concurso-oposición una plaza de médico interno, en el Hospital Civil de Basurto en Bilbao, donde estuve haciendo Medicina Interna durante dos años. Después, me trasladé a la Fundación Vizcaya Pro-Cardíacos, a donde hacía poco tiempo que había regresado de Méjico el Dr. Miguel Mª Iriarte Ezcurdia, a quien siempre le estaré muy agradecido, pues fue el primero que me enseñó la auscultación de la Estenosis Mitral. De allí, ya con mi tesis Doctoral presentada, di el salto al Instituto de Méjico, en calidad de Médico Residente.

¿QUE RECUERDO GUARDAS DE ESA ETAPA MEJICANA DE FORMACIÓN?

Extraordinaria. Todo lo que pueda decir es poco, ya que el comportamiento que han tenido todos los jefes de aquella Institución, para conmigo, fue excepcional.

En aquel momento en España, la cardiología no tenía el nivel ni mucho menos, de la Escuela Mejicana y ya comenzaban a retornar los jóvenes cardiólogos, tras su período de formación en el país Azteca; y cada uno en su ciudad natal, fueron aportando sus conocimientos, al progreso de la cardiología española. Afortunadamente, desde hace años, las cosas han cambiado, y ahora vienen jóvenes médicos mejicanos a nuestro país, para ampliar su formación cardiológica. Incluso aquí en Santiago, hemos acogido a varios de ellos.

Para mí, una de las cosas más provechosas de aquella Institución, es que como estábamos en régimen de internado, cuando ingresaba un caso interesante, se comentaba en la mesa, durante la comida ó la cena e íbamos a estudiarlo juntos, antes de acostarnos. Era una convivencia permanente con el paciente, con los libros y con los compañeros de internado y esto hacía que además de las clases que allí nos daban, como solía decir el maestro Sodi-Pallarés "En esta Casa, también se aprende por ósmosis".

Fue una etapa maravillosa la de nuestros años de estancia en Méjico. Fueron años, en los que se forjó una verdadera amistad entre todos los residentes, que coincidimos de diferentes países del mundo.

¿AL VOLVER A GALICIA, COMO ESTABA LA CARDIOLOGÍA EN ESE MOMENTO? ¿HABÍA ALGUNA UNIDAD CORONARIA EN FUNCIONAMIENTO?

En realidad, aquella situación en nada se parecía a la actual. No había ningún Servicio de Cardiología independiente y los especialistas trabajábamos dentro de un servicio común de Medicina Interna. Recuerdo que tuvimos que librar grandes batallas, para poder ir dando paso a las especialidades.

En nuestro hospital, la cardiología fue la primera que consiguió segregarse, al principio como Unidad de Electrocardiografía y Fonocardiografía, para después poco a poco ir creciendo con mucho trabajo y grandes dificultades, hasta trasformarlo en 1974, en Servicio de Cardiología y Unidad Coronaria.

Luego apareció "otra guerra", con el Servicio de Cuidados Intensivos, donde pretendían seguir tratando a los enfermos con Infarto Agudo de Miocardio. Esta lucha no tuvo lugar solamente en el ámbito local, sino también en el nacional. Lo recuerdo muy bien, porque me tocó vivir de cerca los grandes y largos problemas que aparecieron en todos los hospitales de nuestro país. Aquí, la Sociedad Española de Cardiología jugó un importante papel, ya que los intensivistas de aquel momento, gozaban de mucha fuerza política. Y así con hechos, fue como pudimos denominar al Servicio "Cardiología y Unidad Coronaria", ya que pensábamos que nada mejor que el cardiólogo, para manejar al paciente durante la fase aguda. Creo que el tiempo nos ha ido dando la razón, pues hay que ver, como en estos momentos, se salvan cantidad de enfermos mediante la realización de técnicas cardiológicas cruentas, aplicadas en el momento inicial del cuadro agudo del infarto.

También en aquel entonces, las camas eran comunes con Medicina Interna; pero en nuestro hospital, al llegar el concierto con la seguridad social en 1972, conseguimos segregar 4 camas monitorizadas y separadas entre sí, por unas cortinas, donde se ubicaban los enfermos agudos. Cinco años después, logramos ampliar a 6 camas en cubículos independientes y perfectamente dotadas de material. Nacía de esta forma, la primera Unidad Coronaria de Galicia y una de las primeras de España.




Servicio de Cardiología Del H.X. de Galicia. 2003

¿CÓMO CREES QUE SE ENCUENTRA LA ESPECIALIDAD ACTUALMENTE? ¿HAN CAMBIADO MUCHO LAS COSAS? ¿ES CIERTO QUE DEBERÍAN POTENCIARSE LOS ASPECTOS HUMANOS FRENTE A LOS PURAMENTE TÉCNICOS?

No cabe la menor duda de que nuestra especialidad, se encuentra en el momento actual en un altísimo nivel, equiparable a la que puede existir en cualquier otra comunidad. El progreso ha sido extraordinario.

La situación actual de la Cardiología Gallega, nada tiene que ver con aquella época inicial, donde para casi todo había que enviar al cardiópata fuera de la comunidad, bien fuese para algún centro de Madrid o al Hospital Valdecilla de Santander. Algunos pacientes incluso, se trasladaban en coches particulares, acompañados por un médico que llevaba un pequeño botiquín y un desfibrilador. Eran épocas heroicas, que solamente se pueden comprender, por la vocación y el respeto que el médico profesa hacia el paciente, que deposita en él su confianza. El cardiópata recibe hoy una atención en Galicia, como nunca había tenido y esto es un hecho innegable, que todos podemos afirmar y que está en la conciencia de la población gallega.

Las técnicas, han venido a ayudar en gran medida la confección del diagnóstico, pero debemos de hacer una utilización adecuada de las mismas; no anteponiéndolas al juicio clínico, sino como el complemento de un diagnóstico médico fundado en la historia del paciente y en el examen cuidadoso de su organismo.

La tecnología debe de estar al servicio del médico y no al contrario.

La medicina clínica, que etimológicamente significa medicina a la cabecera del enfermo, tiene su pilar básico en la historia clínica, cuya evolución constituye la propia historia de la medicina. El interrogatorio del paciente, es la fuente más rica de información, para esclarecer la causa de la disnea ó del dolor torácico; así como para valorar el grado de incapacidad funcional del cardiópata. Además, es el vínculo afectivo, que une al médico con el enfermo y por eso, no puede ser sustituida por un frío cuestionario.

Hoy más que nunca el hombre enfermo, está necesitado que se le escuche y comprenda. Como en su día apuntaba el maestro Ignacio Chávez: " el médico no es un mecánico que debe de arreglar un organismo enfermo como se arregla una máquina descompuesta. El médico es un hombre, que se asoma a otro hombre, con una afán de ayuda, ofreciendo lo que tiene. Y lo que tiene, es un poco de ciencia y un mucho de comprensión y cariño."

¿TRAS UNA VIDA PROFESIONAL TAN COMPLETA TE HA QUEDADO ALGO POR HACER?

Pienso que todo hombre que sea sincero, tiene que reflexionar consigo mismo y comprender, que tanto como los demás le puedan conceder mérito por las cosas positivas que pudo realizar en la vida; de igual forma podría él, reprocharse por todas las que pudo hacer y no hizo. En el balance general, creo que todos somos deudores.

Recuerdo una anécdota que tuvo lugar en la Sorbona, cuando a un científico de prestigio mundial, le nombraron Dr. Honoris Causa y al terminar la ceremonia, se le acerca un señor y le dice: Si Ud. supiera que en este instante iba a morir, ¿cuáles serían sus últimas palabras?:

¡Qué lástima! ¡Había tantas cosas que hacer!...

A mí, entre otras muchas cosas, me hubiera gustado haber podido quedarme en el Servicio de Cardiología, con todos esos Médicos Residentes, que convivieron conmigo, durante su período de formación en nuestro Hospital, pero no ha sido posible. Juntos, hemos sido como una gran familia.

¿RECUERDAS ALGUNA ANÉCDOTA DE ESPECIAL INTERÉS HUMANO?.

La última que he vivido tuvo lugar hace 4 ó 5 meses, cuando una señora gallega muy angustiada por sus taquicardias paroxísticas, acude con gran ilusión a una prestigiosa clínica italiana, pionera en una técnica para solucionar esos procesos. Al llegar allí, la enfermera que la recibe, mientras rellenaba un cuestionario con su historia clínica, le advierte que desde ese momento, dispone de 20 minutos para la realización de pruebas y consulta. Y efectivamente, cuándo estaba finalizando ese tiempo, la paciente angustiada, le pregunta: ¡Pero doctor!: ¿qué técnica cruenta me va a realizar para suprimir la taquicardia?. El médico marchándose, le responde: señora su tiempo ya ha finalizado, mi técnica puede usted verla en internet...

Ya te figuras la desolación. Eso creo que no es medicina. Eso es más bien un taller de reparaciones, un taller sin duda de primera categoría, pero al fin y al cabo, un taller. Eso, parece la profesión médica, convertida en oficio.

La relación médico-enfermo, debe de ser una relación eminentemente humana. Un hombre que sufre y pide ayuda, frente a otro hombre, que se presta a dársela ofreciendo sus conocimientos y su experiencia.

¿CÓMO VES LA MEDICINA EN ESTE MOMENTO? ¿Y LA SITUACIÓN DE LOS MÉDICOS? ¿ES CIERTA LA IMPRESIÓN DE QUE AUMENTA EL STRESS DEL MÉDICO Y QUE LA PROFESIÓN HA PERDIDO RESPETO SOCIAL?.

Hoy, cuando estamos en los albores del siglo XXI, podemos afirmar que las diferentes ramas de la medicina, han evolucionado de forma extraordinaria. Sobre todo, la Cardiología, lo ha hecho de una manera espectacular desde el final de la segunda guerra mundial; y de manera más notoria en estos últimos 30-35 años, gracias a la aparición progresiva de las técnicas de que hoy disponemos y que nos han permitido mejorar, de forma impresionante, tanto el diagnóstico como el tratamiento médico y quirúrgico, del enfermo cardiovascular. Es indudable, que estos prodigiosos avances, no hubieran podido realizarse, sin la obra que hemos heredado, de los que nos han precedido.

Este rápido avance de la tecnología, permite augurar unas buenas perspectivas; y traerá consigo, sin duda, un nuevo impacto en el ejercicio de la cardiología futura.

Somos conscientes de que en el momento actual, el diagnóstico basado en las técnicas de imagen y el intervencionismo coronario, han revolucionado la practica de la cardiología, desplazando a un segundo plano la relación tradicional médico-enfermo, a nuestra manera de ver, de forma un tanto incorrecta.

El médico actual, está en peligro de perder el buen juicio clínico y prefiere apoyarse preferentemente en los aparatos y esto, a su vez hace que el enfermo pierda el contacto médico-hombre. Este modo de ver la medicina, entre otras cosas, puede traer consigo el riesgo de una lenta y progresiva deshumanización del médico, en su ejercicio profesional. Una sensación, que ya percibe el hombre de la calle, como afirmaba un artículo de opinión, aparecido en le mes de Marzo del año pasado, en un periódico de esta comunidad, donde un prestigioso periodista se preguntaba: ¿Se ha deshumanizado?

Es evidente, que hoy las consultas son cada vez más rápidas, distanciadas, y no siempre atendidas por el mismo doctor, lo cual imposibilita que el médico pueda oír los problemas del paciente. Así, la relación humana, no aparece y el lazo de simpatía que el paciente necesita, no tiene forma de crearse.

La situación del médico actual no es buena: están sobrecargados de consultas, muchas horas de actividad, tiempos prefijados y escasos, para atender a los pacientes y para colmo, salarios insuficientes e incluso, muchas veces inseguridad en el puesto de trabajo; y esto, lo único que proporciona, es un aumento del estrés y no favorece para nada, la relación médico-enfermo . Cuantas veces unas palabras sosegadas y una clara explicación al paciente, son suficientes para que este, se encuentre aliviado al salir del consultorio.

¿DEBERÍA EXISTIR ALGÚN SISTEMA DE PREPARACIÓN PARA LA JUBILACIÓN?

Yo, he cesado de forma voluntaria como Prof. Titular de Cardiología, 4 años antes de la jubilación reglamentaria y como Jefe de Servicio del Hospital, con 3 años de antelación. Por lo tanto, no he tenido esa sensación del profesional, que espera hasta última hora, para recibir la notificación del finiquito. Cuando tomé la determinación de irme, mucha gente me animaba para que me quedase más tiempo y esto te produce una sensación agradable, y no te imprime la tristeza de tener que irte, aunque no quieras.

De todas formas, creo que para aquellas personas que esperan en el puesto de trabajo, hasta el último día, quizá debe de ser aconsejable, el irse haciendo a la idea y no esperar despistado, a que la noticia se le presente un buen día.

El arrancar del calendario laboral la última hoja, y comenzar el suave camino del descenso de forma súbita, sin preparación, puede ser para algún tipo de personalidad, un hecho impactante.

Ese es el riesgo que tenemos todos. Llegar al día en que el hombre, en vez de ser un apoyo, se convierte en carga y en vez de ser un elemento útil, es socialmente un estorbo.

¿CONSIDERAS QUE LOS HOBBIES SON NECESARIOS PARA ADAPTARSE A ESE PERIODO?

Aquí, yo tampoco tengo una vivencia de esta situación, porque continúo trabajando en mi consulta privada e incluso participando activamente como Académico Numerario del Sillón de Cardiología en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia, desde 1999. Por eso no tengo mucho tiempo de sobra, pero si no tuviese toda esta actividad, indudablemente que los hobbies serían un buen refugio, para poder dedicarse a otros menesteres que durante la vida activa, no ha sido posible llevar a cabo.

No hay que caer en la inactividad, sino buscar una tarea y de no tenerla inventarla y consagrarse a ella. Hay que proponerse una meta y trabajar para alcanzarla; trabajar siempre, no como una manía, sino como una satisfacción. Como una manera de sentirse útil.

Como médicos, somos conscientes de la fatalidad biológica del deterioro progresivo. Se que no puede eludirse, pero si retardarse. Nosotros los médicos, tenemos la fortuna de poder conservar la juventud intelectual más largo tiempo.

¿QUE TAL EN TU NUEVA SITUACIÓN?

Fenomenal. Ahora realmente me hago cargo de que existe otra forma de vivir la vida. Antes, tengo pasado temporadas tremendas; ir al hospital por la mañana, por la tarde práctica privada, preparación de clases (en ocasiones dos o tres diarias) y si a todo esto unimos algunas conferencias, congresos o cargos de responsabilidad que he ocupado, al tender mi mirada hacia atrás, digo: "Que bien vivo ahora con un solo puesto de trabajo". Se acabaron las grandes luchas que a lo largo de mi vida he tenido que librar en el Hospital, para habiendo partido de cero, dejar el servicio constituido por un amplio grupo de extraordinarios profesionales, tanto en el aspecto humano como en el científico y con gran proyección de futuro.

En ciencia, más que en nada, no puede haber un mañana sin el ayer. Si queremos vivir ese mañana, han de empezar otros por hacer el ayer.

Y toda esta sensación de felicidad, que ahora percibo, se la debo a mis enfermos que me han enseñado mucho en la vida y a todo ese personal, que siempre he tenido a mi alrededor, arropándome.

UN CONSEJO PARA LOS CARDIÓLOGOS O PARA LOS MÉDICOS EN GENERAL...

No me gusta dar consejos a nadie, pero si que podría dirigir una reflexión hacia esa juventud médica, bien preparada, que irrumpe con fuerza en el campo profesional.

Les diría, que no miren el trabajo como una servidumbre, sino como el medio de contribuir al esfuerzo común, de forma alegre y solidaria, haciendo de él un estímulo para su vida y no como el duro cumplimiento de una tarea impuesta. En la vida, nada noble , nos es dado de forma gratuita. Lo que alcancemos en ella, debe de ser el premio a nuestro esfuerzo.

Las nuevas generaciones tienen delante de sí, un gran futuro, que habrán de labrar con su propio esfuerzo. Pero cualquiera que sea el nivel que cada uno alcance, deben de cumplirlo con nobleza y honradez.

La experiencia del hombre, está hecha fundamentalmente de sus errores y del juicio que de ellos podamos sacar. En el hospital, es donde se aprende y se adquiere experiencia, observando, discutiendo, trabajando y equivocándose; para después reflexionar, levantarse y comenzar de nuevo.

Por último desearía recalcar, que en la práctica diaria no podemos olvidar, el respeto que el médico debe de profesar hacia el paciente, que deposita en él su confianza. Como decía Louis Portes: " Es una confianza, frente a una conciencia". De ahí, que debamos de tener siempre presente, para poder llevar a cabo de una forma honesta, el ejercicio de nuestra noble profesión, el criterio de que el "interés por la ciencia, no debe de pasar nunca, por encima del interés de la conciencia".

En la práctica médica, que reconfortante resulta, el servir, ayudar y proteger a los enfermos, ya que por ellos somos y para ellos, ha sido la larga y difícil preparación, que hemos tenido.