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¿La sustitución hormonal es útil en la prevención de las enfermedades cardiovasculares en el envejecimiento masculino?

  Existen pruebas indirectas a favor de que las hormonas femeninas poseen un efecto protector en relación a las enfermedades cardiovasculares. Sabemos, al respecto, que el riesgo cardiovascular declina en hombres castrados, mientras que aumenta en mujeres que han sido sometidas a ovariectomía. La administración de sustitución hormonal en estas mujeres disminuye también el riesgo. De todas formas, el inicio de la enfermedad cardiovascular varía considerablemente entre hombres y mujeres. Mientras que en las mujeres la cardiopatía representa sólo la causa predominante de mortalidad después de los sesenta años de edad, en hombres ya lo es a los treinta y cinco años. Tras la menopausia, las diferencias relacionadas con el sexo en la mortalidad cardiovascular declinan, de forma que a los noventa años son casi las mismas.

 

El principal proveedor de estrógeno en los hombres es la testosterona. En presencia de niveles de testosterona suficientes, esta hormona es transformada, por conversión periférica, en estradiol en los tejidos que responden a estrógenos. Dado que la producción de testosterona declina fisiológicamente con el envejecimiento, existe un debate sobre la posibilidad de que la sustitución de testosterona reduzca el riesgo cardiovascular en el envejecimiento masculino.

 

El precursor de la testosterona es el sulfato de deshidroepiandrosterona y ha recibido el nombre también de hormona antienvejecimiento.

 

En cualquier caso y a la luz de los conocimientos actuales puede afirmarse que la sustitución de testosterona, dejando aparte el tratamiento de la deficiencia androgénica, es sólo de natualeza experimental y que, teniendo en cuenta sus contraindicaciones y riesgos, no se recomienda fuera del contexto de estudios controlados. La prevención de enfermedades cardiovasculares a través de la sustitución androgénica no ha sido confirmada. Por esta razón, la sustitución de testosterona se recomienda únicamente cuando los niveles androgénicos se sitúan por debajo del valor normal mínimo (12 nmol/L) y en presencia de los síntomas correspondientes.

 

(Referencia bibliográfica: English KM. Circulation. 2001;104: E146- E147).